Ignacio A. Duhalde , 29 años, Interior, Pcia. Bs. As.

Ignacio A. Duhalde, 29 años, Interior, Pcia, Bs As. Mi experiencia educativa transcurrió íntegramente en el sistema público, lo que marcó profundamente mi vida y mi identidad. Soy hijo de una docente de primaria, y ese vínculo especial con las instituciones educativas se construyó desde muy temprano. Recuerdo ir cada mañana a la escuela con mi madre: ella, para enseñar, y yo, para aprender. Esa rutina diaria fortaleció nuestro lazo, no solo como madre e hijo, sino también como parte de una comunidad educativa. Todavía llevo conmigo el recuerdo de las miradas cariñosas de sus colegas mientras la esperaba al salir, para luego volver juntos a casa. Sabían que, aunque nunca revisara mis cuadernos, ella ya tenía suficientes por corregir en su jornada. Con el paso de los años, esas experiencias se ampliaron más allá de los muros de la escuela. Vivir en una comunidad pequeña me permitió cultivar relaciones significativas. Uno de los recuerdos más entrañables es el de un profesor de literatura con quien solía reunirme en la biblioteca del pueblo. Él me leía, y juntos escribíamos y explorábamos textos que luego compartimos en ferias del libro. Aquel gesto de dedicar su tiempo, su tarde, tras un largo día de trabajo, para inspirar en mí el amor por la literatura, es un ejemplo claro de vocación. Otra relación especial fue con la directora de mi escuela secundaria. Diez años después de haber egresado, seguimos manteniendo un vínculo afectuoso. Celebramos juntos los logros del otro y nos acompañamos en los momentos difíciles. Incluso años después de haber dejado la institución, en uno de los momentos más duros de mi vida, se preocupó por mí como si aún fuese su alumno. Estas vivencias me hicieron comprender que la educación va mucho más allá de los contenidos académicos. Está en los vínculos que construimos, en los momentos compartidos, y en el interés genuino de los educadores por sus estudiantes. Al recordar estas experiencias, encuentro inspiración para mi propia formación, con el deseo de ser un docente que deje huellas, tal como las dejaron en mí quienes supieron guiarme con dedicación y humanidad.
Reflexión: De la experiencia de Ignacio se podría tomar este fragmento de la entrevista a Andrea Allaud donde afirma que la artesanía tiene que ver como la define un autor americano Richard Sennett, con la posibilidad de hacer las cosas bien, por el simple hecho de hacerlas de ese modo, la posibilidad de mejorar en lo que hacemos y en querer mejorar en lo que hacemos y me parecía que esta era una, digamos, arista interesante para caracterizar a a docencia como otros oficios pero a la docencia en particular en un momento donde en realidad dadas las características de las escuelas y el sistema educativo; hacer las cosas bien; hacerlas cada vez mejor, llegar a convertirse en un artesano de la enseñanza, pareciera en muchos casos ser una utopía irrealizable. Ignacio recibió la impronta pero también el cariño de los docentes en su vocación, y eso tal vez hizo mella en él porque vio la alegría de su madre y sus colegas en el hacer.

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